Lo que ves no es solo lo que es. Es lo que alguien quiso que fuera.
Y en ese intento de materializar una intención, empieza el diseño.
Todo lo que nos rodea —desde una etiqueta hasta un aeropuerto— fue pensado, aprobado o descuidado por alguien. Sin embargo, lo solemos dar por hecho, como si las cosas fueran así porque sí. Pero no: hay decisiones detrás. Algunas lúcidas, otras fallidas. Verlas, entenderlas, cuestionarlas, es parte del oficio de diseñar.
Los diseñadores vivimos atentos. Nuestra sensibilidad al entorno nos lleva a imaginar: a veces hacia atrás, buscando los orígenes de una idea; otras hacia adelante, anticipando lo que puede provocar. Aunque parezca un juego especulativo, muchas veces no lo es. Aprendimos a leer señales.
Pero las ideas no crecen solas. Necesitan un entorno fértil y personas dispuestas a impulsarlas. No siempre coinciden las ganas, los tiempos ni las voluntades. Y cuando eso falla, muchas buenas ideas se apagan antes de nacer.
Este blog busca afinar la mirada. Compartir observaciones, conectar puntos y pensar mejor cada oportunidad de diseño. No pretendo tener la última palabra, sino abrir un diálogo que tú completes al reflexionar.
Será también un espacio para ensayar ideas, registrar hallazgos, revelar y fijar conceptos como se hacía en la fotografía.
Y propongo un primer ejercicio: cuando veas algo —cualquier cosa creada por el ser humano— no lo juzgues solo por lo que es, sino por lo que quiso ser. ¿Logró su propósito? ¿Fue oportuno? ¿Qué condiciones lo hicieron posible o lo limitaron?
Todo lo que vemos es consecuencia de decisiones creativas, económicas, sociales y culturales. Y frente a eso, vale la pena preguntarse:
¿A quién aplaudirías? ¿A quién pedirías cuentas?