¿Qué tienen en común una vasija fenicia, una bandera ondeando en un castillo y un logotipo en la puerta de un coworking? Este artículo propone mirar el presente del diseño de marcas con la perspectiva larga de la historia humana.

Las marcas que hoy conocemos tienen un trasfondo histórico amplio, atravesado por múltiples orígenes y transformaciones. Cada época les impuso sus propias limitaciones: los materiales disponibles, las técnicas de reproducción o la tecnología del momento condicionaban su forma y alcance.

Aun así, surgieron y evolucionaron como respuesta a necesidades humanas profundas, adaptándose a los contextos culturales que les dieron sentido. Existe una necesidad nata en el ser humano de comunicar su hacer y su quehacer, y es vital reflexionar al respecto para no quedarnos en la superficie de la representación.

Tal vez, cuando vemos hoy una marca corporativa en un edificio, no nos detenemos a pensar en el paralelismo que tiene con una cruz, una luna creciente o un Dharmachakra en un templo. O con una bandera ondeando en un palacio.

Y cuando, en el supermercado, revisamos el origen de un producto, no pensamos en los fenicios y su necesidad de marcar sus vasijas para indicar el lugar de procedencia.

Las marcas tienen hoy una función que se adapta a nuestras necesidades actuales, pero parten de las mismas que han regido a la humanidad por milenios.

Lo que llama la atención es que, a veces, caemos en el pragmatismo de lo que una marca “debe ser”, y seguimos planteando la expresión gráfica de “un logo” con las limitaciones heredadas de hace siglos o décadas. Algunos de los diseñadores actuales (yo incluido), que ejercemos o hemos enseñado el oficio a la generación de hoy, planteamos limitantes técnicas y conceptuales que deberían ser abolidas o replanteadas.

Si nos damos un prompt mental, no debería ser:
“Diseña una marca para una empresa que hace…”
Más bien debería ser:
“Entiende lo que la empresa hace, en qué contexto vive, y cómo puede llamar la atención, conectarse y explicar lo que hace de la manera más eficiente. Crea entonces un lenguaje gráfico que mejor lo exprese.”

El péndulo de la tecnología y la información avanza vertiginosamente hacia un extremo en el que el caos y la saturación prevalecen. Es fácil reaccionar a tendencias y caer en estilos que ni nos quedan ni nos diferencian.

Es aquí donde radica la oportunidad de un nuevo prompt:
“¿Cómo marcaría un fenicio su vasija si la vendiera el día de hoy?”

Tal vez —como diseñadores y empresarios— llegaríamos a la misma conclusión. Pero apuesto a que, con solo imaginarlo, podríamos llegar a ideas que, por las prisas, jamás hubiéramos considerado.

Contraponer las ventajas de la transmisión de información actual con la necesidad que dio origen a una marca en muros, anillos o tatuajes, puede presentarnos un panorama en el que las identidades sean identificadas como nunca se imaginó ayer, y donde puedan sentarse nuevos principios para el mañana.

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